
"Esta vida que me gano traduciendo. Y es durísima. Me pongo delante de la máquina de escribir, solo en casa, y miro el papel blanco y me entra una especie de angustia, algo como un vacío en el estómago. Para poder ir comiendo necesito traducir siete u ocho horas diarias, si soy capaz de resisitirlo".*
* extret de l'Àlbum Ferrater, a cura de Jordi Cornudella i Núria Perpinyà, Quaderns Crema, 1993.
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