dimarts, 9 de febrer de 2010

N.

"Hubo una vez un hombre que a los treinta y cinco años prometió no vivir más de cincuenta. Se llamaba Gabriel Ferrater. Estaba con un amigo en un café de la plaza Prim de Reus, bebían ginebra en la terraza, el cielo era claro y volaban vencejos, un taxista esperaba para llevar al amigo a la estación de donde saldría el coche cama hacia Madrid. Entonces Ferrater dijo que iba a matarse antes de cumplir los cincuenta años. Ferrater fue, además de políglota, un hombre alegre que disfrutaba dando alegría a quienes lo rodeaban, y se alegraba mucho más cuando percibía que había alegrado o asombrado a quien lo estaba oyendo. El asombro produce una especie de ensanchamiento de la realidad, como si la habitación o la plaza donde estamos se ampliara o se iluminara: como cuando deseamos que nos llenen la copa y nos llenan la copa".*



Hi havia una vegada un home que va deixar que citéssim el començament d'un dels seus llibres. Es deia, i es diu, Justo Navarro. Per donar-li les gràcies pel seu gest vam enviar-li el número 041 del DVD del Metrònom Ferrater. Després d'unes setmanes va ser ell qui va tornar l'agraïment en forma de postal.




* fragment extret de F., de Justo Navarro, Anagrama, 2003.

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